(Córdoba, 1972). Arquitecto. Master oficial de cooperación internacional y políticas de desarrollo
En marzo de 2.007 visité Ceuta para conocer la realidad que allí se vive. Nunca el dolor ajeno me había gritado de esa manera. Experimenté con el corazón lo que mi cabeza ya conocía. Allí se evidenciaba que las fronteras entre países, esas barreras artificiales que lo seres humanos construimos, carecen de sentido. Cuando visité el CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) sentí la obligación moral de dar respuesta a la tragedia de aquellas personas. Sentí también una gran rabia e impotencia por no poder ayudarles. Reconozco que me violentaba mirarles a los ojos pues su desgracia era fruto de nuestro mundo desarrollado.
Poco después conocí el partido Por Un Mundo Más Justo · M+J · y comprendí que mi respuesta a aquella gente, cuya desgracia era no haber nacido en el lugar adecuado, estaba en la política.
Siempre me ha resultado más enriquecedor juntarme con las personas, no porque compartan mis ideas, sino mis inquietudes. Cuando eso que nos inquieta y nos lleva a aunar fuerzas es el sentirnos responsables hacia los más desfavorecidos, creo que además de enriquecedor, es terriblemente urgente.
Tan urgente que quizás ya sea demasiado tarde para aquellas personas concretas que conocí en Ceuta. No obstante, estoy convencido que desde la política podremos entre todos construir un mundo sin pobreza. Un mundo donde todas las personas tengan iguales derechos con independencia del lugar en que nazcan.




