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Sobre el comercio internacional

Otro Comercio Internacional es necesario: un comercio con justicia

Existe un amplio consenso en torno a los beneficios que la interacción global, más que el aislamiento, puede proporcionar respecto al progreso económico mundial.

Dichos beneficios deben alcanzar a todos los países, no sólo a algunos, y por eso es necesario cambiar las reglas. La imparable economía global de mercado debe modificar sus reglas de funcionamiento y transformar sus instituciones para que la distribución de los ingresos generados en el intercambio internacional de bienes y servicios se realice con justicia.

Estamos impidiendo que se desarrollen.
La producción en los países en desarrollo.
Las barreras a las que se enfrentan los países en desarrollo:

  • Aranceles
  • .
  • Otras barreras
  • .
    Las normas internacionales de comercio: un obstáculo para el desarrollo.
  • El sistema de patentes, una lacra para el desarrollo
  • .
  • El acuerdo general sobre comercio de servicios
  • .
    La falta de responsabilidad social corporativa en la expansión de las multinacionales.
    Medidas para el cambio.

    Más información

    Estamos impidiendo que se desarrollen

    Según “Cambiar las reglas: comercio, globalización y lucha contra la pobreza” (Oxfam Internacional): “Cuando los países en desarrollo exportan a los mercados de los ricos, se enfrentan a barreras arancelarias cuatro veces superiores a las que encuentran los propios países ricos. Esas barreras cuestan a los países en desarrollo 100.000 millones de dólares anuales, el doble de lo que reciben en concepto de ayuda”.

    No es de extrañar que esta afirmación, desconocida para muchos, cause indignación en el Norte. ¿Cómo es posible esa incoherencia de políticas? ¿Realmente nuestros gobiernos pretenden como dicen eliminar la pobreza? No sólo no estamos ayudando: a través de esas injustas barreras, los países del Norte están realmente impidiendo que los países en desarrollo puedan salir de la trampa de la pobreza.

    Si dejamos de impedirlo, si permitimos que se beneficien del comercio internacional, los efectos pueden ser espectaculares. El gráfico siguiente ilustra el impacto en la renta per cápita de un aumento de un 1 por ciento de la cuota de mercado de las exportaciones mundiales, por regiones. Como se puede comprobar, dicho impacto es muchas veces superior que la ayuda per cápita recibida por dichas regiones.

    El comercio mundial ofrece el potencial de actuar como una poderosa fuerza para reducir la pobreza, pero ese potencial se está desaprovechando.

    La producción en los países en desarrollo

    En el África Subsahariana, donde las materias primas representan alrededor de la mitad de las exportaciones, y entre los Países Menos Adelantados (PMA) existe una gran dependencia de las materias primas. Muchos dependen de unas pocas materias primas agrarias (café, cacao, té, aceite de palma, etc.) y minerales.

    Muchas de estas materias primas son exportadas sin procesamiento, esto es, tienen muy bajo valor añadido. Dado que precisamente el procesamiento y el marketing tienen en este tipo de productos una gran importancia, la mayor parte del valor final del producto se va fuera de los países productores.

    Además, según la OCDE, la cuota de alimentos y agricultura en el total de mercancías ha caído un 17% entre 1980 y 1997. En conclusión, los mercados donde comercian los países pobres crecen más lentamente y tienen precios más bajos.

    Como consecuencia, la cuota de África en el comercio internacional ha descendido dramáticamente, como indica la figura siguiente:

    Las barreras a las que se enfrentan los países en desarrollo

    Aranceles

    Además de competir en mercados de escaso crecimiento y precios bajos, los países del Sur ven seriamente amenazadas sus exportaciones por los aranceles (“impuestos a las importaciones que entran en un país”) que imponen los países del Norte a sus principales productos. Al incrementar el precio de los bienes importados a través de estos impuestos, los países del Norte protegen a sus productores de la competencia extranjera.

    Así, como muestra el siguiente gráfico, las exportaciones de productos agrarios, cuando entran en los principales mercados del Norte, se enfrentan a barreras mucho más altas que los productos industriales, exportados principalmente por los países industrializados. Los países del Sur tienen que hacer frente a las barreras más altas.

    En Canadá y EEUU la media de los aranceles agrarios a los productos de los países del Sur se acerca al 10 por ciento, superando el 20 por ciento en la UE y Japón.

    A pesar de las repetidas promesas de los gobiernos del Norte, poco se ha hecho hasta ahora. Los productos clave para el interés de los PMA se han mantenido sujetos a aranceles por parte de los países del Norte. Tan sólo Nueva Zelanda ha abierto completamente sus mercados a los productos de los PMA.

    Según Hoekman (2001), proporcionar acceso libre de aranceles a los productos exportados por los PMA, generaría un incremento de sus exportaciones de más de un 11 por ciento, lo que equivaldría a una generación extra de ingresos del mismo orden de magnitud que la Ayuda que reciben.

    Otras barreras

    Existen otras barreras aparte de los aranceles: son las denominadas Barreras No Arancelarias (BNA). En las BNA se incluyen restricciones cuantitativas como cuotas de importación (los países del Norte directamente imponen qué cantidad comprar a los países del Sur) y una amplia gama de condiciones que deben cumplir los productos.

    Además existe el denominado dúmping: “la venta de un producto a precios inferiores a los del mercado nacional del país exportador”. Así, los países del Norte obtienen una ventaja injusta vendiendo sus productos a precios artificialmente reducidos mediante subsidios. En el año 2000, los subsidios de los países ricos a sus agricultores ascendieron a 245.000 millones de dólares, casi cuatro veces la Ayuda al Desarrollo que recibieron los países del Sur. Este tipo de mecanismos provocan por ejemplo que en Guatemala se consuman pollos provenientes de EEUU o que en Senegal se vendan los tomates franceses más baratos que los senegaleses, causando un grave daño a la producción local.

    España es uno de los cuatro principales perceptores de ayudas de la Política Agraria Común de subsidios de la UE. En conjunto, el apoyo que recibe el sector agroalimentario en España alcanza los 12.000 millones de dólares.

    Hay argumentos que defienden estos subsidios por beneficiar a los pequeños productores agrarios pobres. Eso es sencillamente falso: los grandes beneficiados de las actuales ayudas agrarias son los grandes productores y las empresas de la industria agroalimentaria [“Goliat contra David. Quién gana y quién pierde con la PAC en España y en los países pobres”, Intermon Oxfam marzo 2005].

    Este sistema de aranceles, cuotas y subsidios contribuye a perpetuar un modelo que no sólo perjudica a las explotaciones de los países del Norte, sino que amenaza los medios de vida de 900 millones de campesinos pobres en los países en desarrollo.

    Las normas internacionales de comercio: un obstáculo para el desarrollo

    Las normas internacionales, necesarias absolutamente, están en algunos casos creando un ambiente muy desfavorable para reducir la pobreza. Muchas de las normas contenidas en la Organización Mundial de Comercio (OMC) están auténticamente marginando a los países del Sur, dentro de un sistema ya desigual como hemos visto anteriormente.

    El documento de Oxfam Internacional “Cambiar las reglas: comercio, globalización y lucha contra la pobreza” destaca especialmente dos acuerdos desarrollados en el seno de dicha Organización que están actuando como freno para el desarrollo de los países del Sur:

  • El acuerdo sobre protección de la propiedad intelectual, con especial atención a su implicación sobre el efecto en los países pobres de las patentes farmacéuticas.

  • El Acuerdo Sobre el Comercio de Servicios.

  • El sistema de patentes, una lacra para el desarrollo

    La protección de la propiedad intelectual ha servido y sirve de motor para la innovación y el desarrollo. A través de ella, numerosas empresas tienen la confianza de destinar cuantiosos recursos a la investigación con la esperanza de recuperar sus inversiones. A lo largo del siglo XX, las compañías farmacéuticas, gracias a este sistema, han podido desarrollar numerosos medicamentos contra enfermedades muy graves, muchas de ellas hoy en día completamente erradicadas de los países del Norte.

    Sin embargo, la aplicación de este sistema sin hacer diferenciación entre unos países y otros, acuerdos desarrollados en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC), tiene profundas implicaciones para el desarrollo. Como vemos en el gráfico siguiente, la mayor parte del gasto público en sanidad de los países en desarrollo se destina a pagar en metálico los medicamentos desarrollados por los países del Norte.

    En África Subsahariana, el 60% de los recursos destinados a salud pública son pagos directos en metálico, frente a menos del 20% en Francia o EEUU o menos del 10% en el Reino Unido. En Burkina Faso, según la Organización Mundial de la Salud, el 85% del gasto total en salud se destinó a la compra de medicamentos.

    Es necesario replantear las reglas de la propiedad intelectual a la luz de estos hechos.

    Los ingresos que las multinacionales farmacéuticas dejarían de percibir si vendieran sus productos al coste a los países de renta baja serían muy pequeños en comparación con su facturación total, por lo que no frenarían su esfuerzo en seguir desarrollando nuevas patentes.

    Sin embargo, los beneficios de la aplicación de esta medida tendrían una enorme influencia para las familias de los países en desarrollo, donde cada año mueren 14 millones de personas por enfermedades infecciosas (1 muerte cada 3 segundos).

    Este sistema de patentes obstaculiza gravemente los esfuerzos por hacer frente a la crisis sanitaria que subyace detrás de estas estadísticas.

    Muchos podrían argumentar que la falta de protección intelectual en la aplicación a dichos países eliminaría el interés de las farmacéuticas en desarrollar medicamentos específicos para sus enfermedades. La malaria, que representa también el 40% del gasto público en salud en África, está aumentando en dicho continente por primera vez en 20 años, parece que debido a un incremento en la resistencia a los medicamentos.

    Sin embargo, el principal interés de las farmacéuticas es desarrollar medicamentos para las enfermedades de los países del Norte, su mayor fuente de ingresos, y aparte de ello, no son las únicas que están invirtiendo en desarrollar medicamentos. La fundación Bill Gates, por ejemplo, va a destinar 160 millones de dólares en los próximos años para desarrollar soluciones a dicha enfermedad, a un proyecto de vacuna que se desarrollará en Barcelona, parece que con bastante éxito.

    El Acuerdo General Sobre Comercio de Servicios

    Los servicios han sido definidos como “todo aquello que no te puede caer en un pie” (World Development Movement, 2000). El sector incluye la banca y los seguros o el suministro de agua y electricidad por ejemplo.

    El Acuerdo General Sobre Comercio de Servicios (GATS) en inglés, es uno de los elementos más complejos de la OMC, y a la vez que más riesgo comportan al desarrollo de los países del Sur. Dichos riesgos se derivan de la aplicación de las normas de libre comercio a suministros básicos para la reducción de la pobreza como el suministro de agua.

    El problema de dicho acuerdo es que beneficia a los países del Norte. En palabras de Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, “¿qué servicios fueron liberalizados? Los servicios financieros. ¿Que país es el principal exportador de servicios financieros? Estados Unidos. ¿Qué servicios no se abrieron? Los servicios de la construcción, los del trabajo no cualificado, que son los que conciernen a los países en desarrollo. Todos ellos permanecen cerrados“.

    La falta de Responsabilidad Social Corporativa en la expansión de las multinacionales

    Medidas para el cambio

    Los países del Norte debemos dejar de impedir que los países en desarrollo puedan salir de la trampa de la pobreza. Para ello debemos:

  • Eliminar las barreras arancelarias y no arancelarias impuestas a los productos de los Países Menos Adelantados (PMA) y de los países de renta baja.

  • Revisar la duración y el alcance de las patentes, restringiendo geográficamente su alcance para los países en vías de desarrollo y limitando su duración en función de los niveles de desarrollo y necesidades sanitarias del país.

  • Los objetivos de desarrollo deberían ser una prioridad en la aplicación del GATS.

  • Los servicios públicos deberían quedar al margen de los compromisos liberalizadores, o por lo menos, estos compromisos deberían flexibilizarse para permitir que la soberanía nacional de cada país decidiera qué servicios públicos poder liberalizar y cuales no.

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    Registro de partidos políticos del Ministerio del Interior, 8 de enero de 2004, Tomo V, Folio 330
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