Una tragedia para millones de personas
La República Democrática del Congo (RDC) se encuentra inmersa en una guerra que involucra a varios países de
la región. Desde 1998 el conflicto ha causado 5,4 millones de muertos y ha afectado a cientos de miles de otras personas víctimas de enfermedades y del hambre. Hay más de un millón de desplazados en el este del país y varios cientos de miles de refugiados en los países vecinos. Las violaciones son endémicas en
la región. Sólo este año, más de 1.100 mujeres han denunciado haber sido violadas y es probable que el número real de ataques ocurridos sea mucho mayor.
La zona de Grandes Lagos ha venido siendo un campo de batalla incluso después de los acuerdos de paz que en 2002 pusieron fin a cuatro años de sangrienta guerra civil. Aquel alto al fuego firmado con Uganda y Ruanda y el pacto interno del 17 de diciembre para la creación de un Gobierno de transición en RDC cerraron la ya conocida como “primera guerra mundial de Africa”, que había implicado además de a
la RDC a cinco países vecinos: Angola, Zimbabwe y Namibia, que apoyaron al entonces presidente Kabila; y Uganda y Ruanda, valedores de los rebeldes.
En abril de 2003, las facciones enfrentadas acordaron la formación de un Gobierno de unidad nacional, que quedó legalmente establecido el 30 de junio, con el objetivo de estabilizar el país cara a la celebración de elecciones que finalmente se celebraron el 30 de julio de 2006. Joseph Kabila - que había sucedido a su padre tras el asesinato de éste por su guardia personal - logró mantenerse en el poder con un respaldo en las urnas del 58,05%.
Desde entonces, las organizaciones internacionales que trabajan sobre el terreno vienen alertando de los continuos enfrentamientos y violaciones de los derechos humanos que siguen produciéndose en todo el país, incluso después del despliegue, en noviembre de 2003, de 4.500 militares de
la MONUC (misión de mantenimiento de la paz de
la ONU) para asegurar la protección de la población civil.
El 23 de enero de 2008 el gobierno congolés y 22 grupos armados firmaron el Acuerdo de Paz de Goma, comprometiéndose a respetar un alto al fuego inmediato y las normas del Derecho Internacional Humanitario. El Acuerdo de Goma ha seguido al compromiso de noviembre de 2007 establecido entre los gobiernos de
la RDC y de Ruanda, conocido como el Comuniqué de Nairobi, sobre la presencia en el este del Congo grupo armado ruandés Fuerzas Democráticas para
la Liberación de Ruanda.
Son muchos los grupos hoy enfrentados en esta zona del este del país: los grupos rebeldes Agrupación Congoleña por
la Democracia y Movimiento de Liberación del Congo, apoyados por Ruanda y Uganda; guerrilleros hutus rivales de Ruanda y Burundi, rebeldes ugandeses, milicianos congoleños leales a Kinshasa…
La actual reanudación de los combates alrededor de Goma es consecuencia pues del enésimo acuerdo de paz fallido. Los grupos hostiles presentes en la región se han rearmado en los últimos meses, era previsible que las armas fueran a hablar de nuevo. Decenas de miles de refugiados huyen de los combates que enfrentan al ejército congoleño y los rebeldes apoyados por Ruanda, las tropas del general Laurent Nkunda.
Raíces históricas del conflicto
Durante sus cuatro décadas de independencia,
la RDC ha vivido una historia convulsionada, marcada por una sucesión de golpes militares y el sufrimiento de
la población. La violencia ha caracterizado cada uno de los períodos recientes de la historia congoleña, pasando por el dominio de Bélgica y los sucesivos gobiernos de Lumumba, Mobutu y Laurent Kabila.
Cuando las potencias europeas comenzaron a retirarse de Africa, una serie de disturbios violentos en el entonces Congo Belga llevaron al gobierno de Bélgica a conceder la independencia a su colonia antes de lo previsto, en 1960.
La política colonial belga había estado dirigida principalmente a la explotación de los recursos económicos en sus territorios africanos y no se crearon estructuras mínimas para una futura administración. Los belgas dejaron un país incapaz de gobernarse a sí mismo y apenas días después de declarada la independencia, el Congo amenazaba con fraccionarse. De acuerdo al pacto alcanzado con las autoridades belgas, el nuevo país sería administrado por el presidente Kasavubu y el primer ministro Lumumba.
Ante la rebelión de la provincia de Kananga, de gran importancia por sus recursos minerales, Lumumba pidió ayuda a
la ONU, pero su intervención fue bloqueada en el Consejo de seguridad. En enero de 1961, tropas leales al coronel Mobutu, detuvieron y asesinaron a Lumumba, hecho que generó acusaciones de complicidad contra Bélgica y EE.UU.
Mobutu llegó al poder en 1965 mediante un golpe de estado, cambió el nombre del país al de Zaire y, además de amasar una enorme fortuna personal, diseñó una política como hábil político siendo consciente de su utilidad para las potencias occidentales. EE.UU. le dio su apoyo y Zaire se convirtió durante años en la base de operaciones de los grupos armados oponentes del gobierno de Angola, país entonces respaldado por
la Unión Soviética.
En la caída de Mobutu jugaron un papel decisivo además de su enfermedad, el final de la guerra fría y sobretodo el genocidio de
la vecina Ruanda en 1994. Después de este histórico drama, el gobierno de Ruanda, liderado tras la guerra por los tutsis, aseguró que miles de hutus responsables de la matanza (milicias Interahamwe) se habían refugiado en territorio congoleño. Entre los rebeldes que buscaban la destitución de Mobutu y que aprovechando la coyuntura se dirigieron a la capital del Zaire, Kinshasa, no tardó en destacar Laurent Kabila.
Kabila sucedió a Mobutu en 1997 y poco después cambió de nuevo el nombre del país.
En 1998, la guerra se recrudece con especial virulencia en Kivu y se extiende a otras zonas del Este del Congo, causando cientos de miles de víctimas en los campos de refugiados.
Causas múltiples del conflicto
Importantes intereses económicos.- Distintos grupos se disputan el control de esta zona de abundante riqueza mineral. A los ya codiciados minerales de diamantes, oro, petróleo y uranio se ha sumado en los últimos años la fiebre del coltán (abreviatura de columnita y tantalita), un metal utilizado en el sector de las nuevas tecnologías y especialmente necesario para la fabricación de teléfonos móviles. Este rincón del planeta es depositario del 80% de las reservas mundiales del cotizado mineral.
Las organizaciones de derechos humanos insisten en que EE.UU., Alemania, Bélgica y Kazajstán – principales destinatarios pero no únicos del coltán – y las multinacionales que comercian con éste, están, en definitiva, financiando el conflicto, sustentado igualmente por el comercio ilegal de diamantes en las zonas del país controladas por el Gobierno.
Paradójicamente,
la RDC figura entre las naciones más pobres del mundo, ocupa el puesto 155 en el ranking de 173 países fijado por
la ONU.
Odios étnicos históricos.- En
la RDC conviven unas 200 etnias diferentes. Los principales focos de violencia se localizan en las regiones de Ituri y Kivu, escenario de brutales enfrentamientos y matanzas tribales. Siendo zonas tradicionalmente poco pobladas, se convierten en tierra de inmigración a partir del siglo XIX, atrayendo a los habitantes de lo que hoy es el altiplano de Ruanda, donde la densidad de población fue siempre muy elevada. Estos relativamente nuevos pobladores han venido enfrentándose regularmente a los congoleños locales en múltiples conflictos territoriales.
Ruanda no es viable como país.- Es un territorio demasiado pequeño y con alta densidad de población. Aunque la tierra es fértil en algunas zonas, las familias poseen para cultivar unas parcelas muy pequeñas y del todo insuficientes para su sustento. Esta situación alimenta a su vez los conflictos étnicos latentes más arriba referidos.
El tráfico de armas en el este del país.- A pesar del embargo establecido por
la ONU a través de las resoluciones 1493 (julio 2003) y 1533 (marzo 2004). Este hecho viene agravado por el reclutamiento de niños y niñas soldado por varios de los grupos armados en la zona.
¿Qué hace la comunidad internacional?
Cada vez que aumenta la tensión en la zona de los Grandes Lagos, las primeras víctimas son los civiles, en particular la población de los campos de desplazados situados en torno a Goma. Según Jan Egeland, coordinador de asuntos humanitarios de
la ONU, los efectos persistentes del conflicto han venido causando en los últimos años al menos 1.000 fallecimientos diarios en
la RDC. Al mismo tiempo, unos 3 millones de personas necesitan asistencia urgentemente.
La MONUC fue creada en 1999, tras el primer acuerdo de paz. Desde entonces,
la MONUC se ha afanado en imponer el respeto al alto el fuego y desarmar a los distintos grupos armados que asolan la región. A pesar de un presupuesto muy elevado – 1.136.200 dólares para 2006 – y una dotación de personal igualmente significativa – 16.475 militares más 3.150 civiles – puede decirse que su intervención ha resultado ser un fracaso. Algunas de las explicaciones que pueden apuntarse son: voluntades políticas encontradas – EE.UU. apoya a Ruanda, mientras que los europeos, y Francia en particular, se apoyan en los congoleños junto con China –, contingentes conformados por tropas no preparadas para el nivel de dificultad de la misión y privatización de un conflicto que en principio era netamente político por la atracción que ejercen las riquezas del subsuelo sobre toda clase de grupos de interés.
¿Qué hacemos nosotros?
Como miembros del Partido por un Mundo más justo, en esta situación concreta por la que atraviesa el RDC, demandamos el refuerzo de
la MONUC para cumplir su mandato de promover la seguridad al este del Congo, una mayor presión diplomática para que pueda alcanzarse una solución política al conflicto y el nombramiento de un alto representante que unifique los esfuerzos internacionales para la paz en el marco de las causas subyacentes del conflicto.
Podría parecer que España no está implicada directamente en el conflicto. Sin embargo, como ciudadanos, no podemos dejaremos de cuestionarnos ¿No será que hemos “subcontratado” el trabajo al resto de potencias europeas y nos beneficiamos de los resultados? ¿Hacemos los esfuerzos necesarios, sobretodo en el seno de
la Unión Europea, para denunciar y modificar un orden internacional injusto y desequilibrado que lleva a una explotación irracional de los recursos en zonas como el este del RDC donde la repercusión en el desarrollo humano es nula?
Como personas que vivimos en un mundo globalizado, nos hacemos una vez más conscientes de que si realmente queremos trabajar para la construcción de un mundo más justo y solidario, es necesario adoptar un papel más responsable y activo. En nuestro doble papel como consumidores y como ciudadanos debemos informarnos sobre los efectos de nuestras compras y utilizar nuestro poder político para promover una postura decidida por parte de los gobiernos occidentales que haga posible el fin de los conflictos.
POR UN MUNDO MÁS JUSTO (PUM+J) Expresión política del movimiento social contra la pobreza “El fin de la pobreza es una decisión política”www.mundojusto.es
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” Art.1. Declaración Universal de Derechos Humanos.
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on Martes, Noviembre 18th, 2008 at 6:10 pm and is filed under Bienvenido.
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